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jueves, 16 de marzo de 2017

ARMAS PSICOTRONICAS, ALTERAN ESTADOS EMOCIONALES


¿SE ESTÁN UTILIZANDO YA ARMAS PSICOTRÓNICAS?


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Afectan básicamente al  cerebro, no dejan huella y por tanto no se puede acusar a quienes las usan de  los daños que producen pero  son numerosas las patentes y las investigaciones secretas que están aflorando a  la luz revelando una lamentable realidad que muy poca gente conoce: las llamadas  armas psicotrónicas son una realidad. De hecho más de 400 personas de medio  mundo se han agrupado en una asociación que asegura aglutinar a víctimas de esos  dispositivos, aparatos que pueden llevar incluso a la muerte a quienes son  blanco de ellos y que algunos quieren utilizar discretamente para deshacerse de personas  incómodas para los grupos de poder.La existencia de armas psicotrónicas  nos devuelve a lo más oscuro de las investigaciones acerca del cerebro y de los  efectos de las radiaciones sobre seres humanos, a experimentos llevados a cabo  con enfermos psiquiátricos, con reclusos e incluso con meditadores en  prestigiosas instituciones estadounidenses como el Instituto Tecnológico de  Massachussets o la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Stanford  (California). En ambas se confirmaría –tras infinitas pruebas- el fundamento  cuántico de que el ser humano es un organismo electromagnético cuyo  funcionamiento se puede alterar mediante señales de ondas a frecuencias  determinadas. Esto es fácil de entender para quien, por ejemplo, haya utilizado  dispositivos como el Quantum-SCIO que si bien envían frecuencias armonizadoras  tienen también un uso del “lado oscuro” desconocido para la mayoría. Y es que  según Louise Doswald-Beck -abogada especialista en Derecho Internacional y  miembro de la División Jurídica del Comité Internacional de la Cruz Roja- y  Gerald Cauderay -asesor industrial y científico de la embajada suiza en Moscú  (Rusia) y que en el citado comité se encarga de asuntos relacionados con el  señalamiento y la identificación de las unidades y los medios de transporte  médico protegidos- “pequeñas dosis de energía electromagnética pueden alterar el  funcionamiento de las células” (así puede leerse en un informe sobre nuevas  armas publicado por ellos en el Boletín de la Cruz Roja del 1 de noviembre de  1990). Conocido este dato no le extrañará a nadie saber que quienes anticiparon  el peligro potencial del uso de armas de ondas fueran precisamente físicos; y  más concretamente los físicos atómicos abanderados de la mecánica cuántica, por  entonces de los pocos en disposición de comprender las inabarcables  implicaciones que tiene saber que el ser humano es un ente electromagnético y  sus emociones, pensamientos y pasiones pueden “traducirse” a frecuencias y  potencias, es decir, cuantificarlas, “parametrizarlas”. De ahí que los servicios  secretos de algunos gobiernos interesados en saber si ese conocimiento podía ser  utilizado civil y militarmente pusieran a trabajar en ello a neurólogos,  psiquiatras y psicólogos.
La doctora Elisabeth Rauscher -física nuclear que dirigía el Laboratorio de  Investigación Tecnológico de San Leandro en California (Estados Unidos)- es una  de las que por ejemplo llevó a cabo concienzudas investigaciones sobre las  posibilidades de las ondas ELF (siglas en inglés de extremadamente baja  frecuencia) y consiguió encontrar frecuencias específicas que permiten inducir a  distancia en alguien tanto náuseas como un estado de euforia. Fueron tales sus  hallazgos que llegó a afirmar: “Si se me dieran suficientes fondos, en tres  meses sería capaz de modificar el comportamiento del 80% de los habitantes de  esta ciudad sin que lo sepan. Podría hacer que fueran felices o -al menos que se  creyeran felices- o hacerlos agresivos”. Quizás al lector le parezca una  afirmación enormemente pretenciosa pero ya en diciembre de 1965 el doctor David Krech -de la  Universidad de Berkeley en California (Estados Unidos)- había afirmado en un  artículo publicado en The New York Times que “los investigadores deben  plantearse ya la posibilidad de que sus estudios les lleven a conseguir  controlar las mentes de los seres humanos. Creo que no me paso de melodramático:  las posibilidades futuras de tomar el control de una mente conllevan mucho más  peligro que las capacidades que puedan llegar a tener los físicos nucleares”.
Que fue  escuchado es obvio: pocos años después inconfesables investigaciones dieron  lugar a lo que dio en llamarse armas no letales. Apenas veinte años después de  ese artículo de Krech, en 1984, el capitán Paul Tyler -médico de la marina  norteamericana responsable de la investigación sobre los efectos de las  radiaciones en humanos- reconocía en el Centro Universitario para la Doctrina  Aeroespacial sito en Alabama (EEUU) que “se podían alcanzar efectos biológicos  precisos con la ayuda de ondas electromagnéticas”. Es más, Tyler dijo que habían  identificado ya esas ondas pero que para poder usarlas de forma operativa tenían  que solucionar el problema de cómo transmitirlas con la potencia suficiente (por  supuesto ondas ELF).
Añadiremos que la División de Armas Avanzadas de  Estados Unidos fue adscrita a una agencia ultrasecreta, DARPA, que por cierto  tiene sus instalaciones en el estado de Virginia, muy cerca de la universidad en  la que un estudiante coreano llamado Cho Seung-hui llevó a cabo en abril del  2007 una inexplicable matanza. Asimismo se sabe que también se investigó con las  microondas en el Centro Militar de  Investigación Walter Reed de Washington (Estados Unidos) dentro del llamado  Proyecto Pandora. Pues bien, el director del DARPA durante el Proyecto Pandora  fue Richard Cesaro -personaje que trabajó cuarenta años en ese campo para la  Marina y la NSA, agencia especializada en telecomunicaciones y espionaje- y  terminó haciendo público sus objetivos: “Para conseguir un salto tecnológico en  el campo militar hay que ir más allá de las bombas y llegar a controlar las  mentes de los enemigos”, afirmaría. Añadiendo: “La posibilidad de ejercer cierto  grado de control sobre el comportamiento humano mediante microondas de baja  intensidad es, a la luz de nuestras investigaciones, algo razonable”. Por lo que  instó a continuar las investigaciones. Obviamente el hecho de que estemos  hablando de proyectos ultrasecretos hace que las investigaciones puedan en  realidad estar más avanzadas de lo confesado. Hay que tener en cuenta que la  mayor parte de las evidencias que hoy se tienen del desarrollo logrado proceden  casi exclusivamente del antiguo bloque comunista ya que cuando cayó ese régimen  muchos archivos secretos salieron a la luz.
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ATAQUES CON ONDAS
Ahora bien, no son sólo las  posibilidades de las ELF (ondas de extremadamente baja frecuencia) las que se  han investigado. También se han estudiado las EHF (siglas en inglés de las ondas  de extremadamente alta frecuencia) porque tienen una característica importante:  operan en línea recta y pueden dirigirse hacia objetivos muy concretos en lugar  de hacerlo sobre zonas más amplias. El investigador Joe Vials publicaría en New  Dawn Magazine un artículo en que explicaría que las microondas pueden dirigirse  hacia un blanco concreto gracias a un sistema llamado Magnetrón merced al cual  los electrones que se producen por calentamiento en un tubo catódico pueden ser  dirigidos luego hacia un punto determinado combinando un campo eléctrico y uno  magnético. Solo sabemos que se trata de un cilindro hueco cuyo exterior se rodea  con emisoras de bario y de óxido de estroncio y que dispuesto concéntricamente  en torno a él hay un amplio cilindro de corriente anódica que contiene un gran  número de cavidades de resonancia sobre la superficie. El caso es que cuando se  pone en macha el Magnetrón produce una corriente eléctrica radiante entre el  ánodo y el cátodo mientras el campo magnético es estimulado por el cátodo. El  dispositivo se sella en un espacio al vacío. Y auque su potencia está limitada  por el tamaño del Magnetrón utilizado las investigaciones ponen de manifiesto  que el más potente puede producir una corriente de microondas de más de ¡diez  millones de vatios por pulsación! Y que el rayo de microondas que emite puede  concentrarse de la misma forma que una lente fotográfica; puede hacerlo pues  incluso sobre un punto infinitesimal.Agregaremos que el primer ataque  confirmado con armas psicotrónicas tuvo lugar en 1953 y lo perpetraron los  soviéticos atacando con ondas electromagnéticas de baja frecuencia la embajada  norteamericana en Moscú (Rusia). Poco antes el Gobierno ruso, en plena guerra  fría, se había reunido con el norteamericano para intentar parar la carrera  armamentística en lo que a las armas electromagnéticas se refiere pero su  ofrecimiento fue rechazado así que éstos decidieron atacar la delegación  estadounidense con ellas. ¿El resultado? Varios  empleados enfermaron gravemente, muriendo algunos de ellos. Incluido el  embajador, Walter Stoessel, cuyos ojos enrojecieron llamativamente y murió a  causa de cáncer, concretamente de un linfoma. Como es obvio, las autoridades  norteamericanas dijeron ignorar ese ataque durante años pero existe la fundada  sospecha de que lo permitieron para investigar los efectos de esas radiaciones.  La prueba está en que Henry Kissinger escribió un informe secreto en los años  setenta en el que se ofreció una indemnización a los empleados que lo sufrieron.Años más tarde, en 1976, el Comité del Senado de Derechos  Constitucionales publicaría un escrito titulado Estudios de armas de microondas  de los soviéticos incluido en el apartado Tecnologías para el control-vigilancia  que a su vez citaba lo publicado en Federal Times el 13 de diciembre de ese  mismo año. Pues bien, en la página 1.280 se puede leer que “la oficina de  inteligencia del Ministerio de Defensa ha publicado un estudio sobre los avances  de los soviéticos en el-ámbito de las armas de microondas. Las microondas se  usan en el radar, en la televisión y en los hornos microondas. Pueden causar  desorientación e infartos en seres humanos. Otro efecto biológico que puede  lograrse es crear voces. Es posible transmitir sonidos y palabras para que se  escuchen intracranealmente mediante la modulación de señales a una densidad  media muy baja. Los avances logrados por los comunistas pueden llevarles a  desarrollar un sistema que les permita incidir en el comportamiento del personal  de la embajada”.Tres años después de la publicación de este escrito, en  el marco de una conferencia que se dictó en la sede de la Organización de  Naciones Unidas (ONU), los soviéticos darían su visión sobre las microondas e,  incluso, proporcionarían una lista de armas de destrucción basadas en ellas  describiendo su funcionamiento: “Las armas electromagnéticas –reconocerían  públicamente- operan en cierto rango de radiofrecuencias y pueden causar daños  en los organismos humanos”. Más tarde se sabría -a través del editorial de  Pravda del 27 enero de 1986, como recoge un documental de la BBC- que “los  soviéticos habían desarrollado rayos, microondas, infrasonidos y armas genéticas  que, en términos de su capacidad destructiva, podían no ser inferiores a las  existentes en la actualidad”.El tiempo confirmaría que todo lo dicho  era verdad pues tras la caída del régimen soviético aparecieron hasta 44  publicaciones sobre este tipo de armas. En Estados Unidos los avances en este  campo se justificaron hasta entonces por la necesidad de contrarrestar los  descubrimientos soviéticos pero tras la caída de la URSS tales armas no dejaron  de investigarse; sólo se modificó la justificación. Ahora eran necesarias para  controlar a los “enemigos internos”. En otras palabras, decidieron usarse -aprovechando que no dejan huella y por tanto no se puede culpar a nadie de sus  efectos- contra “las personas que pusieran en peligro la Seguridad Nacional”. Y  parece que son muchas y en todo el mundo. Salvo que se esté utilizando de  cobayas a miles de personas en todo el  mundo simplemente para perfeccionarlas. Porque, insistimos, no dejan huella.  Bueno, quizás el extraño aumento de personas “psicóticas” que cada vez en mayor  número tienen que atender los psiquiatras sin que éstos sepan la realidad de las  causas de tales “patologías”.Sólo que muchas de las víctimas sí lo  saben. Parte, de hecho, ha llegado a conocerse y hoy se agrupa en la Federación  Mundial de Víctimas de Armas de Control Mental. Alfredo Nieto, informático  español, es uno de ellos. “En general somos personas que por una u otra razón  molestamos en el grupo social en el que estamos. Me consta que hay una red  global secreta basada en nanomáquinas que espía el comportamiento de mucha gente  y puede influir en sus emociones. Con seguimientos que implican a veces la  participación de helicópteros”.
Los miembros de esta organización están  de hecho convencidos de que tales armas explican la aparición inexplicable desde  hace años de enfermedades fulminantes en muchas personas sanas –inducen sobre  todo cáncer al poder alterar gravemente las células-, incluidos conocidos  disidentes.
Louis Slesin, director de la revista Microwave (Microonda),  sabe que todo ello es posible: “Dado que el cuerpo humano es básicamente un  organismo electromagnético -explica- los aparatos que causen interrupción en sus  impulsos eléctricos pueden afectar su conducta y su salud. Pero esos programas  son tan secretos que los militares no hablan de nada concerniente a ello”.
El catedrático de Filología francés Rudy Andria está convencido por ejemplo de  haber sido víctima de esas armas tras tener problemas físicos cuyas causas los  médicos no fueron capaces de detectar. “Al principio no sabía por qué sufría  dolor de cabeza, vértigos, diarrea, sensación de calor intenso dentro del  cuerpo, alternancia de sensaciones de calor y frío, privación de sueño, dolores  musculares, calambres en las piernas… pero luego descubrí que hay personas con  los mismos síntomas que yo. Somos víctimas de lo que podríamos llamar crímenes  electromagnéticos. El problema es que ningún médico quiere informarse. Todos  optar por considerarlo un mero problema psiquiátrico”.
Bueno, pues según  la mencionada federación de víctimas serían ya entre 100.000 y medio millón de  personas en el mundo las que habrían sufrido o sufren agresiones con armas  psicotrónicas. Solo que, ¿cómo va eso a ser posible? Según ellos porque tales  armas están dirigidas desde satélites cuando no instaladas en ellos. Una  afirmación que apoyaría el hecho de que hoy día hay centenares de satélites en  funcionamiento que mueven billones de dólares en contratos con compañías  privadas. Siendo la principal entidad que los gestiona la National  Reconnaissance Office (NRO), una institución que fue secreta hasta 1992 y en la  que desembocarían todos los programas negros de investigación; es decir,  aquellos que escapan al control judicial y parlamentario de los estados. Y es  que como dijo hace tiempo un científico ruso “quien controla el espacio  electromagnético controla el mundo”. De ahí la carrera espacial.
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TECNOLOGÍAS DIRECCIONABLES
Suponemos que el  lector se preguntará a estas alturas cómo es posible que las armas psicotrónicas  dañen a unas personas y no a las que están al lado. Y la respuesta, como ya  adelantamos, es que las modernas armas de este tipo son direccionables, siendo  hoy su grado de precisión extraordinario. Algo que lleva a la persona atacada a  una agobiante sensación de aislamiento pues las personas de su entorno no le  creen cuando cuenta lo que le está pasando.
Es más, se sabe que los  investigadores al servicio de estos programas ultrasecretos han avanzado mucho  en el ámbito del sonido, que no deja de ser otra onda pero potencialmente  inaudible cuando se emite en una frecuencia inferior a la que capta el ser  humano. De hecho en la declaración leída en la ONU en 1979 a la que aludimos  antes los soviéticos hacían especial hincapié en los sonidos no detectables por  el ser humano afirmando que “la variación de sonidos infrasónicos puede  ocasionar daños en el sistema nervioso y el cerebro”.Claro que en este terreno los  norteamericanos no se quedaron atrás y de hecho desarrollaron un sonido por  encima del grado de frecuencia audible por nuestro oído. Por si lo duda: “El  sonido hipersónico se usa -cuenta el US Lab Test en un artículo titulado Sonido  hipersónico para uso no letal- para incapacitar a los enemigos. Y es  direccionable. Causa desorientación, dolor y náuseas”. Para obtenerlo el  Ejército norteamericano trabajó con la patente de un inventor alemán llamado  Hans Raida que combinaba alta potencia y baja frecuencia con un potente haz de  sonido. Tecnología por cierto –según se afirma en círculos diplomáticos- que  actualmente estaría utilizando Israel contra las guerrillas urbanas de Hamás y  Hezbolá. Cabe añadir que son muchos los investigadores que han comprobado ya que  cuando las neuronas reciben unas dosis de electricidad determinadas sus  propiedades eléctricas cambian en la misma forma en la que actúa la memoria. “Uno de los experimentos –cuenta el investigador George Seffens en Defense News  al hablar de las nuevas tácticas de guerra urbana- incluye el uso de sonidos que  mutan a altos decibelios mientras se amplían los sonidos en las más típicos  rangos de la voz o de la transmisión de radio”.

VOCES EN EL CEREBRO

Otro paso más lo supone la  posibilidad de crear “voces” en el cerebro. En este sentido Thomas Jensen -del Rush  Presbyterian St. Luke’s Medical Center (Missouri, Estados Unidos)- comprobaría  que “milésimas de segundo antes de pronunciar una palabra el cerebro emite unas  ondas determinadas para esa palabra. Y esas ondas son exactamente las mismas de  una persona a otra”. Este dato hizo que Richad Clark -de la Universidad Flinders  de Australia del Sur- propusiera el uso de redes neuronales de ordenadores para “reconocer los patrones de aprendizaje de conceptos en los campos eléctricos de  la mente. “La CIA –afirma Gary Selden en su artículo Máquinas que leen mentes- ha estudiado sin duda los campos eléctricos u ondas que la mente emite después  de haber aprendido algo. Con monitores remotos sería el sueño del espionaje”. Edward Hoffman -subdirector del Instituto Psiquiátrico de Yale (Connecticut,  Estados Unidos)- sostiene por su parte que se pueden destruir las voces que “oyen” los esquizofrénicos mediante simples pulsos magnéticos. Y un grupo de  neurocientíficos del Caltech (Instituto Tecnológico de California, Estados  Unidos) afirma que las intenciones pueden ser leídas directamente midiendo la  actividad eléctrica en el córtex parietal. Para comprobarlo en una de sus  investigaciones insertaron cables en esa zona de la cabeza a un grupo de monos y  grabaron la actividad eléctrica neuronal que aparecía poco antes de que éstos  tocaran el cursor para recibir la recompensa. Seguidamente cambiaron las  recompensas y las grabaron de nuevo. De esa manera pudieron anticipar qué  recompensa iban a elegir: bastaba ver la actividad neuronal que se producía  previamente a su acción.Giorgio Ganis y Stephen Kosslyn -de la  Universidad de Harvard en Massachusetts (EEUU)- han constatado además que las  mentiras bien organizadas requieren la activación de distintas partes del  cerebro y altas dosis de concentración. De hecho comprobaron las diferencias  cerebrales que hay entre una mentira espontánea y una elaborada.Agregaremos que el investigador francés Denis Le Bihan -director de la Unidad de  Imaginería Neuroanatómica Funcional de la Comisaría de la Energía Atómica de  Francia- afirmaría en la revista Nature del 22 de enero de 1998: “Casi podemos  leer los pensamientos”.¿Meros descubrimientos sin aplicaciones  prácticas? Pues si lo piensa sepa que la patente norteamericana 3.951.134 de  1976 –está a nombre de un tal Malech (Robert G., de Nueva York)- describe “un aparato y método para monitorear y alterar el comportamiento de las  ondas cerebrales de un sujeto desde una posición alejada mediante señales  electromagnéticas de diferentes frecuencias de manera que unas intercedan con  las otras para conformar una onda de forma que modula las ondas cerebrales del  sujeto en cuestión. Esa interferencia en la onda cerebral será retransmitida por  el cerebro del sujeto al receptor que la modulará y ampliará a su antojo”.
Y es que lo que hasta ahora se achacaba a “conspiranoicos” está pasando  a formar parte de los medios de comunicación que suelen normalmente dar fe sólo  de las versiones oficiales. Un ejemplo cercano: el pasado 10 de febrero el  diario español Público contaba que un grupo de científicos australianos había  conseguido “leer los pensamientos de unos voluntarios”. Concretamente habían  constatado que la decisión de tomar un tipo de bebida u otro se podía saber  midiendo simplemente la actividad cerebral en la corteza prefrontal del cerebro  mediante una luz infrarroja. Claro que, como antes se explicó, los propios  científicos han reconocido que hoy es habitual usar monos –muy parecidos a los  humanos- para estudiar en ellos los efectos biológicos de las microondas,  incluso las altamente concentradas.
Y si esta práctica de por sí puede  sobrepasar los límites éticos todavía lo hace más si tenemos en cuenta que esos  experimentos han sido realizados también con humanos. Se tiene constancia por  ejemplo de que investigaciones similares se han llevado a cabo en Estados Unidos  en el Hospital de Kansas City en Missouri, en la Universidad de Rochester de  Nueva York, en los centros Brooks Airforce Space de San Antonio (Texas), en el  Johns Hopkins de Baltimore (Maryland), en el Instituto Tecnológico de  Massachussets, en la Universidad de Pennsylvania y en otros laboratorios.  Incluso en España. De hecho una de las mayores autoridades en la materia es un  español, el neurofisiólogo José Manuel Rodríguez Delgado, cuyo envidiable  currículo incluye una etapa de docencia de más de veinte años en la Universidad  de Yale (Connecticut, EEUU) y que es autor de un conocido experimento en el que  un toro de lidia con unos electrodos en la cabeza escapa repentinamente del  capote rojo al que se dirigía… pero que también ha experimentado con humanos. En  una ocasión, por ejemplo, irradió a cuatro personas con microondas y según  explicaría eso les provocó muy diferentes emociones, sensaciones y visiones.  Llegando por ello a hacer afirmaciones como que “estas armas son más dañinas que  una bomba nuclear”, que “con conocimiento del cerebro podemos transformar, manipular, dirigir o  robotizar seres humanos” y que “el principal problema en el futuro será que se  robotice a seres humanos sin que se den cuenta de ello”. Y lo dice con  conocimiento de causa ya que entre muchos otros inventos el doctor Rodríguez  Delgado es responsable del desarrollo de un emisor cerebral que sirve para  dirigir a distancia seres humanos como robots. “En el futuro –afirma- podríamos  llegar a gobernar de manera inteligente y razonable la fuente de todas las  actividades humanas”. Otro de sus experimentos consistió en investigar “los  ciclos de sueño de los astronautas” según publicó el New York Post el 22 de  marzo de 1967.
Terminamos diciendo que un equipo de científicos del  Instituto de Descubrimientos del Cerebro y el Comportamiento de la Facultad de  Medicina de Georgia (Estados Unidos) dirigido por el doctor Joe Z. Tsien afirmó  el pasado 2008 que habían conseguido “borrar” la memoria de un grupo de ratones.

RADIACIONES A CUENTA DEL GOBIERNO

Y no  olvidemos al doctor Ewen Cameron, presidente de la Asociación de Psiquiatras  Americanos y Canadienses durante largos años y director del Allen Memorial  Psychiatric Institute en Montreal (fundado en 1943 con fondos de la Fundación  Rockefeller para desarrollar el proyecto de control mental Monarca, una rama más -al igual que el Proyecto Pandora- del famoso MK Ultra) cuyas investigaciones  financió la CIA a través de la Fundación Cornell para el estudio de la ecología  humana. Porque su equipo consiguió la anulación sistemática de la mente de un  ser humano o de su memoria empleando para ello sobredosis de LSD, barbitúricos  que le hacían permanecer 56 días seguidos dormido o terapias de electroshock  superiores 75 veces a la dosis recomendada. Cameron comprobó que un adecuado  condicionamiento psíquico –concretamente la repetición de un mensaje  veinticuatro horas al día- conseguía programar una mente previamente vaciada.  Unas investigaciones que bien pudieron ser el origen de las torturas de  Guantánamo (Cuba) y Abu Ghraib (Iraq) en las que se utilizó la privación  sensorial y la repetición ad náuseam de canciones (por ejemplo de Bruce  Springsteen que se quejó por razones éticas alegando violación de sus derechos  de autor). Claro que las barbaridades cometidas por psiquiatras en nombre de la  ciencia podrían llenar una enciclopedia.
Otro ejemplo significativo es  el del psicólogo, neurocientífico y profesor universitario en la Laurentian  University de Ontario (Canadá) Michael Persinger quien investigó los efectos de  las radiaciones electromagnéticas sobre el cerebro para un programa de armas del  Pentágono. Persinger perfeccionó los métodos para realizar experimentos de  inducción de experiencias subjetivas como -por mencionar algunas- hacer creer a  alguien que fue abducido por extraterrestres o que tuvo encuentros con ángeles o  con el mismo Dios. Para ello empleaba un casco de motocicleta modificado con  realidad virtual que enviaba señales electromagnéticas a la parte delantera del  cerebro. Su conclusión fue que “la experiencia humana de Dios puede ser generada  mediante procesos que no tienen nada que ver con que Dios exista o no”. Persinger publicó el estudio en 1995 con el título Sobre la posibilidad de  acceder directamente a cada cerebro humano mediante inducción electromagnética  de algoritmos fundamentales y en él se podía leer, por ejemplo, que “un proceso  ligado a la temperatura del cerebro puede permitir afectar a todos los cerebros  humanos normales por medio de una frecuencia subarmónica cuya variación a 10  hertzios sería de sólo 0.1 hertzios”; que “las variaciones del ruido dentro de  la matriz pueden servir para distinguir entre distintos cerebros. Variaciones al  azar del ruido pueden diferenciar entre las mentes de diferentes individuos. En  otras palabras, cada individuo puede ser identificado en función de los  característicos outputs de su cerebro” o que “la identificación de estas  secuencias puede permitir llegar directamente a las más complejas funciones  cognitivas asociadas a la personalidad, la conciencia humana y la agregación de  representaciones de experiencias”. Es decir, que Persinger está hablando de la  capacidad para modificar la conciencia de un individuo, su personalidad o su  memoria (agregando recuerdos falsos)… mediante ondas electromagnéticas. La  posibilidad de “crear terroristas” a base de torturas y ondas se desprende  asimismo de las palabras de este afamado científico que ha aparecido en algunos  documentales recientes del televisivo Canal Historia y que sostiene que los  procesos mentales pueden ser engañados enviando esta des-información  directamente al cerebro. El principio sobre el que se basa para hacer tal  afirmación es que la duplicación sintética de la red neuroeléctrica del cerebro  generada por los sensores a un estímulo real que excita ese proceso puede  producir la experiencia de ese estímulo sin la presencia del mismo. Es decir, un  engaño a la mente. Lo que propone el doctor Persinger es que, virtualmente,  cualquier estado mental puede ser generado artificialmente desde una fuente  exterior. Y lo más aterrador es que los medios para conseguirlo existen ya y son  operativos a nivel global. “Los niveles paralelos de potencia para estas  amplitudes –explica Persinger- son similares a los que utilizan las señales de  radio y los sistemas de telecomunicaciones. En las pasadas dos décadas el  potencial para realizar esto se ha desarrollado tanto que lo improbable ya puede  ser factible”.
En suma, todas estas evidencias llevan al convencimiento  de que hoy se puedan crear asesinos dirigidos por control remoto mediante voces  en su cerebro emitidas por su “controlador”. Timothy McVeigh, autor de la  matanza de Oklahoma (Estados Unidos) en 1995, decía que el Ejército le había  implantado un chip en sus nalgas. El asesino de Robert Kennedy, Sirhan Sirhan,  aseguraría no recordar nada de lo que ocurrió el día del asesinato. Y el de John  Lennon, Mark Chapman, afirmó que “oía voces”. También en los años 80 y 90 del  siglo pasado se hizo famoso Theodore John Kaczynski, un profesor de Matemáticas  norteamericano que mató a tres personas e hirió a otras veintitrés enviándoles bombas y que pasó a la historia con  el apodo de Unabomber. Lo que poca gente sabía es que a finales de los años 50  ese hombre había sido estudiado por el doctor Henry A. Murray, un psicólogo de  la ya mencionada Universidad de Harvard (Massachussets) al servicio de las OSS  (Office of Strategic Services), organización que dio lugar a la CIA. Hoy se sabe  que Kaczynski participó durante tres años -sin su consentimiento- en un  experimento universitario que implicaba tormentos, humillaciones y bombardeo con  ondas lo que dejó huellas profundas en su psique. El dato aparece en el libro de  Jonathan Moreno Guerras de la mente: investigación sobre la mente y defensa  nacional, de innegable valor puesto que el autor conoció directamente al propio  Murray por ser amigo de sus padres, también psicólogos.
Walter Bowart, autor  del libro Operación Control Mental, afirma por su parte que en 1989 un grupo de  mujeres inglesas que se manifestaba contra las armas nucleares sirvió de cobaya  al Ministerio de Defensa del Reino Unido para probar algunas clases de rayos de  microondas EHF. Sin conocer bien el origen del dolor que empezaron a notar,  estas activistas se resguardaron en sus tiendas de campaña. Según las  declaraciones de Bowart al fallecido investigador antes mencionado Joe Vials los  experimentos con personas siempre que no fueran norteamericanas los apoyó la  propia Casa Blanca. En cuanto a los síntomas específicos que presentaron esas  mujeres pasaron por ciclos mensuales irregulares, abortos, problemas  ginecológicos, quemaduras de la retina, problemas auditivos y hasta tumores de  crecimiento rápido. Bowart asegura que cuando sugirió a las manifestantes que  cubrieran sus tiendas con hojas de aluminio los efectos cesaron inmediatamente.  Según él las microondas rebotan en el papel de aluminio.
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ARMAS  NO LETALES
Finalizaré diciendo que todas las armas descritas en  este texto se conocen bajo el paraguas desinformativo de armas no letales,  denominación con la que aparecen en los documentos secretos de la CIA desde los  años 60 aunque, curiosamente, su desarrollo ha estado controlado por compañías  privadas. De hecho la que fuera Fiscal General de Estados Unidos, Janet Reno,  confirmó que “las agencias acordaron desarrollar en común armas que sean válidas  tanto para el campo militar como para la seguridad interna”. Así, por ejemplo,  la compañía aeronáutica Lockheed Martin afirma sin reparos en la web de su  división de Ciencia e Ingeniería -www.seabase.com- lo siguiente: “Proveemos al  Gobierno de tecnologías como láseres, sensores espectros trópicos, microondas de  gran potencia, campos electromagnéticos y armas no letales” (el subrayado es  nuestro).También Vector Microondas Investigaciones está contratada por  el Gobierno norteamericano para desarrollar estas tecnologías. Como muestra  baste mencionar el premio de investigación otorgado por la CIA que en 1996  recayó en el científico John Craven por dos proyectos: uno llamado Microondas  para computadores y otro con el título Láser para comunicación. Aunque como ha  quedado claro a lo largo de estas páginas esta carrera armamentística ha sido  secreta 25 países han desarrollado ya este tipo de armas, según afirmaría el ex  Secretario de Defensa norteamericano Wiliam Cohen.Y si el lector aún  precisa una definición de lo que son esas armas no letales quizás pueda servirle  la que la doctora Barbara Hatch Rosenberg recogió ya en 1994 en el Boletín de  Físicos Atómicos en el que se puede leer que “las armas no letales utilizan  energía electromagnética en frecuencias de láser, microondas, radiación de  radiofrecuencias o luz visible pulsada a la frecuencia en la que emite el  cerebro”. Agregando que “sus resultados son: ceguera temporal, desórdenes en el  pensamiento, dolor severo, náusea, diarrea y disfunciones en los órganos  internos”.
Para terminar añadiremos que en la actualidad no existe ningún  aparato accesible al público específico para detectar un ataque psicotrónico. Lo  más parecido es un Detector de fugas de microondas ideado por un investigador  australiano llamado Dick Smith. En su origen ese dispositivo estaba destinado  únicamente a rodear la junta de caucho de los hornos microondas para detectar  las posibles fugas de radiaciones. Se trata de un detector direccional capaz de  recoger una emisión de onda tan leve como un miliwatio por centímetro cuadrado,  lo que le convierte en una defensa interesante si se tiene en cuenta que  investigaciones médicas realizadas en Estados Unidos también han demostrado que  una exposición prolongada a fugas de baja intensidad puede causar problemas  serios en los ojos (como cataratas). Estas investigaciones se refirieron a un  grupo de mujeres que se habían expuesto a fugas de microondas de esa intensidad  en el lugar de trabajo durante muchos meses. Y en cada caso el nivel de  perjuicio fue proporcional a la distancia del horno microondas en el que estaba  la fuga.
Finalizamos recordando que muchos gobiernos -y las entidades  bancarias- quieren ahora que todos los seres humanos llevemos implantados en  nuestros cuerpos chips -que funcionan mediante radiofrecuencias- para mejorar la  seguridad de las transacciones e implantar en ellos nuestros datos médicos. Sólo  que esos chips llevarían un GPS incorporado para saber dónde estamos en cada  momento y quizás pudiesen recibir emisiones que desde la distancia nos podrían  llevar a enfermar o a la muerte. Bueno, pues ya han empezado a usarlos  discotecas de alto standing para que una maquina reconozca a sus clientes  habituales y éstos no tengan que esperar en la cola. Y cientos de hijos de  millonarios –sobre todo en México y Brasil- ya se los han puesto por si los  secuestran.. Quizás más seguros pues… pero sin duda también más controlados.  Como le gusta al poder…


jueves, 15 de diciembre de 2016

Religión como enfermedad mental







La religión como enfermedad mental

 JAIRO ALBERTO CARDONA

7.
Debemos tener en cuenta que cuando hablamos sobre creencias ya estamos hablando de una percepción diferente de lo real, adentrándonos en el terreno de la fe, que en ciertos casos sirve para justificar acciones irracionales en una obediencia ciega a una autoridad divina. Sin embargo, aunque la religión es el campo propicio donde se cultivan conductas que podríamos relacionar con enfermedades mentales, dichas conductas no residen como tal en las instituciones religiosas, sino sobre todo, en la interpretación personal o colectiva de las doctrinas y en la vivencia de dichas prácticas incorporadas poco a poco como legítimas en la mente de cada creyente y que se expresan de forma consciente o inconsciente en comportamientos o acciones, casi siempre irracionales. La fe mueve al creyente a desprenderse de una racionalidad común, convirtiéndose en un arma de doble filo para la sociedad, al llevar a la persona de razón a la locura alternativamente, en unos casos más que en otros. En este escrito daremos una visión panorámica de la posible relación que existe entre religión (entendida como religiosidad) y la enfermedad mental, acercándonos primero desde Dawkins a la experiencia personal del fenómeno, y luego desde la aproximación que hace Szasz entre creencia religiosa y esquizofrenia, idea que se concretará con la posición de Sartre sobre la fe de Abraham y sobre cómo abandonarse en una creencia religiosa es tan enajenante como la misma creencia patológica del esquizofrénico.
Richard Dawkins
RICHARD DAWKINS
Sobre la experiencia personal
De acuerdo a Richard Dawkins en El espejismo de Dios (2007), uno de los argumentos que utilizan los creyentes para justificar una revelación de Dios y que los mueve a actuar o a transformar su vida, es el “argumento de la experiencia personal “de algunas situaciones “milagrosas” o, más bien, poco usuales que les hace pensar en un designio divino. Veamos un ejemplo:
Uno de los más listos y maduros de mis compañeros de promoción, que era profundamente religioso, se fue de acampada a las islas escocesas. En mitad de la noche, él y su novia fueron despertados en su tienda de campaña por la voz del diablo —el propio Satanás; no había duda posible: la voz era, en todos los sentidos, diabólica—. Mi amigo nunca olvidaría esa horrible experiencia y este fue uno de los factores que le impulsaron a su ordenación como religioso. Mi propia juventud se sentía impresionada por su historia, y la repetí en una reunión de zoólogos que se estaban relajando en la taberna La Rosa y la Corona, en Oxford. Sucedió que dos de ellos eran ornitólogos y se empezaron a reír a carcajadas. «¡Una pardela de Manx de Manx!», gritaron a coro. Uno de ellos añadió que los diabólicos gritos y cacareos de estas especies le habían hecho ganar, en diversas partes del mundo y en diferentes idiomas, el apodo local de «Pájaro del Diablo».[1] 
 7.2
De esta manera, según Dawkins (2007) muchos creyentes deben su fe en Dios a una experiencia personal, les parece haber visto la aparición milagrosa de una virgen o un ángel de luz que, creen, los ha salvado de alguna situación de peligro, o sienten que Dios les habla directamente en el interior de sus cabezas, revelándoles algo o dándoles una misión, como sucede con los pacientes esquizofrénicos. Sin embargo, un argumento basado en la experiencia personal sólo puede convencer a aquellos que han experimentado la aparición o escuchado las voces; pero para los demás es la que tiene menos credibilidad, principalmente por posibles implicaciones psicológicas o psiquiátricas. En otras palabras:
¿Dices que has experimentado a Dios directamente? Bien, algunas personas han visto un elefante rosa, pero probablemente eso no nos impresiona. Peter Sutcliffe, el violador de Yorkshire, distinguía con claridad la voz de Jesús diciéndole que matara a mujeres, y fue encerrado de por vida. George W. Bush dice que Dios le dijo que invadiera Iraq (una lástima que Dios no le revelara que no había armas de destrucción masiva). Los individuos que están en los manicomios piensan que son Napoleón o Charlie Chaplin, o que el mundo entero está conspirando en su contra, o que pueden transmitir sus pensamientos a los cerebros de otras personas.[2]
En realidad no existe una verdadera diferenciación entre una creencia religiosa y una creencia derivada de problemas psiquiátricos, que no tiene una justificación racional, como lo describe Sam Harris en El Fin de la Fe, más que por la simple recurrencia. Cuando las creencias de una persona están dentro del rango de lo común, la persona es religiosa; pero si sus creencias son poco comunes, como ser Superman, creerse la reencarnación de Jesucristo o poder ver con sus ojos la composición atómica de la realidad, decimos que está loca. Aunque, para Harris, es normal que las estadísticas determinen los estándares de salud, y que la cultura occidental siga interpretándola creencia de que Dios pueda oír lo que pensamos o hablarnos en el interior de nuestra mente, como algo normal; “mientras que es una demostración de enfermedad mental creer que se comunica contigo mediante un código morse repiqueteando en tu ventana en un día de lluvia. Y así, mientras que las personas religiosas normalmente no están locas, sus creencias profundas sí lo son”.[3]

7.3
En ese sentido, la realidad que experimenta la persona que tiene la visión religiosa se presenta como algo construido mediante una captación actualizada e inmediata del entorno, al contrario del esquizofrénico, al que su mente le construye internamente una realidad que no asume libremente. Según Dawkins,
el cerebro humano funciona con un software de simulación de primera clase. Nuestros ojos no presentan a nuestro cerebro una fotografía fidedigna de lo que hay en el exterior, o una película precisa de lo que ocurre a lo largo del tiempo. Nuestros cerebros construyen continuamente un modelo actualizado: actualizado por los impulsos codificados que revolotean por el nervio óptico, sin embargo, construidos.[4]
 7.6
Pero para Dawkins, tal captación de datos sensoriales se configura de acuerdo a unas ideas o creencias preestablecidas. Nos encontramos entonces con una especie de alternancia frecuente entre dos realidades que se complementan con los datos recibidos del entorno, presentes ambas en la mente del creyente. De esta manera, el cerebro elije, según se requiera, una simulación u otra: se puede experimentar la realidad-real y de un momento a otro cambiar a una realidad ficcionada de forma imperceptible, de manera que esa segunda realidad puede ser percibida casi como la primera, pero alterada en diferentes grados según sea la persona que experimenta el “estímulo religioso” que se presenta, y la misma intensidad de dicho estímulo. Tal cambio en la percepción se explica de la siguiente manera:
El software de simulación del cerebro es especialmente adepto a generar caras y voces. En el alféizar de mi ventana tengo una máscara hueca de plástico de Einstein. Cuando se la mira de frente parece, sin duda alguna, una cara sólida. Lo que es sorprendente es que, cuando se la mira desde detrás —por la cara hundida— también parece una cara sólida y nuestra percepción de ella es, en realidad, muy extraña. Según el que la está mirando se mueve a su alrededor, parece que la cara le está siguiendo —y no de la forma sutil y poco convincente en que se dice que nos siguen los ojos de la Mona Lisa—. Realmente, realmente, parece que la máscara hundida se está moviendo. Las personas que no han visto con anterioridad esta ilusión se quedan boquiabiertas de asombro. Más extraño aún: si la máscara está montada en una base que gire lentamente, parece rotar en la dirección correcta cuando estás mirando a la cara sólida, pero en la dirección opuesta cuando la cara hundida es visible. El resultado es que, cuando te fijas en la transición de una cara a otra, la cara entrante parece «comerse» a la cara saliente. Es una ilusión alucinante y bien valen la pena los problemas que origina cuando se mira. A veces puedes estar sorprendentemente cerca de la cara hundida y no darte cuenta de que «realmente» está hundida. Cuando se ve esto, tiene lugar de nuevo una alternancia repentina, que puede ser reversible.[5]
 7.7
¿Cuál es el truco en la percepción de la máscara? En realidad no existe ningún truco en la máscara para confundir, el truco está en el cerebro de la persona que la está mirando: se captan más o menos los rasgos que corresponden a una cara y al recibir esos datos dispersos, el cerebro organiza y completa las figuras, los contornos, y la configura como una sola imagen con sentido, ya sea que se esté mostrando el lado hueco o el lado sólido de la máscara. Sin embargo, la intención que tiene Dawkins al proponer aquel ejemplo es la de mostrar la capacidad de lo que llama software cerebral de simulación para construir visiones extremadamente verosímiles. Además agrega que “sería un juego de niños simular un ángel o un fantasma o una Virgen María para un software de tal sofisticación”.[6] De igual forma que con la visión, sucede con los sonidos, el cerebro establece un modelo de sonido basado en los datos que comúnmente le llegan al oído, los cuales cuentan con una uniformidad y estabilidad permanentes. Podemos identificar un discurso porque identificamos su estructura, las frases, las palabras y sus combinaciones, las cuales se captan e interpretan de acuerdo a una constante en el cerebro, como se evidencia en este otro ejemplo:
Una vez, cuando era niño, oí a un fantasma: una voz masculina murmurando, como si fuera una recitación o una plegaria. Casi pude, aunque no del todo, identificar las palabras, que parecían tener un serio y solemne timbre. Me habían contado historias de tumbas de sacerdotes en casas antiguas y yo estaba un poco asustado. Pero salté de la cama y me acerqué a la fuente del sonido. Según me acercaba, sonaba más alto, y entonces, de repente, «alternó» dentro de mi cabeza. Ahora estaba lo suficientemente cerca para discernir lo que era en realidad. El viento, pasando por el ojo de la cerradura, estaba creando sonidos que el software de simulación de mi cerebro había usado para generar el modelo de un discurso masculino, entonado solemnemente. Si hubiera sido un niño más impresionable, es posible que no solo hubiera «oído» un discurso ininteligible, sino también palabras concretas e incluso frases completas. Y si hubiera sido educado de una forma impresionable y religiosa, me pregunto qué palabras es posible que hubiera dicho el viento.[7]
De esta manera se hace evidente, como hemos dicho antes, que el cerebro tiene la tendencia de elaborar modelos constructivos, y esto puede hacerlo por medio de la imaginación, de los sueños; o cuando se da de forma excesivamente vívida, en la alucinación. Pero esto no significa que aquello configurado en imagen o sonido sea algo real. Aunque, “si somos crédulos, no discernimos las alucinaciones o un sueño lúcido de lo que es la realidad, y afirmamos haber visto u oído un fantasma; o un ángel; o Dios; o —especialmente si da la casualidad de que somos jóvenes, mujeres y católicas— la Virgen María. Tales visiones y manifestaciones no son una buena base para creer que los ángeles, dioses o vírgenes están ahí realmente”.[8]
Además de todo lo dicho con respecto a la experiencia personal en el campo de las alucinaciones, Dawkins se pregunta por las visiones colectivas, como la que se cuenta de setenta mil peregrinos en Fátima el 13 de octubre de 1917 con el llamado milagro del sol, los creyentes reportaron ver el sol moverse violentamente y casi caer sobre la multitud ¿Cómo podemos explicar que tantas personas pudieran compartir una misma alucinación? Podría ser que dicha elucidación colectiva se derivara de la exposición prolongada de la retina a la luz directa del sol, o por la exposición insistente por breves períodos de tiempo, o por ciertas alteraciones atmosféricas que incluso pudieron hacer parecer que el sol giraba y cambiaba de color. Lo cierto es que el resto del mundo no pudo apreciar ese fenómeno, que si fuera real, implicaría la destrucción del sistema solar. También parece improbable que tantas personas fueran engañadas a la vez, o tal vez todos fueron persuadidos para observar el milagro al mismo tiempo, exponiendo y maltratando sus retinas por la luz directa del sol. Pero, para Dawkins, podemos considerar como más posible cualquiera de las anteriores situaciones que su alternativa, es decir, que el sol si hubiera salido agresivamente de su órbita y que esto hubiera destruido el sistema solar, pudiendo ser percibido tal acontecimiento solamente por aquellos que estuvieran en Fátima.
 7.8
¿Llena la religión un vacío?
“A menudo se dice que hay un vacío con forma de Dios en el cerebro, que necesita ser rellenado: tenemos una necesidad psicológica de Dios —amigo imaginario, padre, gran hermano, confesor, confidente—, y que necesita satisfacerse tanto si Dios existe realmente como si no”.[9]
Dawkins se pregunta ¿si tal vacío existiera en el cerebro humano, en realidad tendría que ser llenado por Dios? Podríamos llenarlo con cualquier otra cosa, como con arte, con ciencia; con amor a una vida concreta en este mundo, sin esperar que exista una en el más allá; con amor hacia la naturaleza o hacia la amistad. Pero en realidad no lo sabemos. Lo que sí se sabe es que la religión ha ejercido cuatro roles principales en la vida humana: explicar, exhortar, consolar e inspirar.
7.9
Podríamos decir que Dios se presenta como un amigo imaginario. Parece que los niños que tienen amigos imaginarios en realidad creen que existen e incluso pueden verlos, en su alucinación, de forma tan clara como a cualquier persona. El amigo imaginario se convierte en un compañero de camino y en un confidente, los mismos roles que atribuimos a Dios, como sucede en el siguiente ejemplo:
Una niña, tenía un “pequeño hombre púrpura”, que para ella parecía una presencia visible y real; y que se manifestaba a sí mismo, chispeando desde el aire con gentiles sonidos de campanillas. Él la visitaba regularmente; especialmente cuando se sentía sola, pero con decreciente frecuencia a medida que avanzó en edad. En un día en particular precisamente antes de ir al kindergarten, el pequeño hombre púrpura vino hacia ella, anunciado por la usual fanfarria de campanillas y le anunció que no la visitaría más. Esto la entristeció, pero el pequeño hombre púrpura le dijo que ella se estaba haciendo grande ahora y que no lo necesitaría a él en el futuro. Él tenía que irse para poder cuidar a otros niños; él le prometió que regresaría si alguna vez ella realmente lo necesitaba. Él regresó muchos años después; en un sueño, cuando ella tuvo una crisis personal y estaba tratando de decidir qué hacer con su vida. La puerta del cuarto se abrió y apareció una carretilla cargada de libros siendo empujada hacia dentro del cuarto…por el pequeño hombre púrpura. Ella interpretó esto como un consejo de que ella debería ir a la universidad—consejo que siguió y después juzgó como bueno.[10]
A partir de este ejemplo, nos dice Dawkins, podemos llegar a comprender los roles de consolación y asesoramiento que realizan los dioses imaginarios en las vidas de las personas, lo cierto es que a pesar de que puedan existir solamente en la imaginación, se presentan como completamente reales y siempre están dispuestos a escuchar con paciencia. Pero, no sabemos si los dioses evolucionaron en sus roles de consoladores y consejeros de los amigos imaginarios de la infancia en la etapa primitiva de la humanidad, es decir, conservando y retornando a esa necesidad infantil habiendo evolucionado ya la especie, para Dawkins, podría ser más bien lo contrario, los dioses y los amigos imaginarios podrían estar relacionados por medio de la evolución humana pero de forma inversa, pensando que la separación de la mente bicameral, planteada por el psicólogo estadounidense; Julian Jaynes (teoría que afirmaba que algunas personas percibían su propio pensamiento como algún tipo de conversación entre un “yo” y algún otro protagonista, aunque o ya sabemos que ambas voces son la nuestra, por lo menos si queremos seguir siendo considerados dentro del rango de la salud mental), se dio progresivo regreso hacia la infancia en donde las alucinaciones sobre amigos imaginarios ya estaban siendo superadas, es decir, en esa humanidad primitiva los dioses imaginarios desaparecieron primero de las mentes adultas, dispersándose progresivamente cada vez más hacia atrás, hasta las instancias más tempranas de la vida, quedando sólo unos pequeños rezagos que no se presentan en todos los niños, ni de la misma forma. El único problema con esta teoría es que no podríamos explicar porque todavía siguen presentes los dioses en la mente de los adultos humanos actuales, en este sentido, simplemente tendremos que interpretar a los dioses y a los amigos imaginarios como sub-productos de la misma predisposición psicológica.

Religión y esquizofrenia
“Si hablas con Dios, estás rezando; si Dios habla contigo, tienes esquizofrenia. Si los muertos hablan contigo, eres un espiritista; si Dios habla contigo, eres un esquizofrénico”.
Thomas Szasz
THOMAS SZASZ
Para Thomas Szasz en El segundo pecado, de forma similar a como lo plantea Dawkins, la frecuencia con que se presentan algunas creencias en la colectividad, puede determinar para la mayoría lo que podemos llamar normal y anormal en términos de salud mental, en este sentido, un enfermo mental sería aquel que tiene opiniones o comportamientos completamente desprendidos de los comportamientos y creencias sociales estándares. Sin embargo, no existe una diferenciación justificada entre las creencias que tiene un esquizofrénico y las que tiene un protestante, un católico o un musulmán (más que la que se atribuye a su identidad religiosa) En este contexto, podemos pensar en diferentes movimientos religiosos marcados por el fanatismo y la radicalidad, donde la religión parece facilitar una visión distorsionada de lo moral y lo legal; como lo fueron en su tiempo las cruzadas, que eliminaban a cualquier costo a los enemigos del Papa, de las cuáles una de ellas se dirigió, por órdenes de Inocencio III, contra la misma Europa para eliminar la herejía de los Cátaros, poniendo como buena la persecución religiosa y las masacres en nombre de la fe; la Santa Inquisición, perfeccionó instrumentos y técnicas de tortura e instaló en el ideal colectivo todo tipo de Folklore sobre brujas, herejes y endemoniados; y en nuestro tiempo, los grupos islámicos fundamentalistas, que basados en la licencia de la defensa de sus ideales religiosos, propenden por la destrucción de cualquiera que piense o rece diferente, por medio de decapitaciones, crucifixiones y ahogamientos que además difunden como propaganda. Todos estos fanáticos religiosos ni fueron ni son encerrados en instituciones psiquiátricas o similares para que cambien sus creencias, modifiquen las acciones irracionales que fundan en ellas, y asuman las que tienen la mayoría de las personas, como sucede con los esquizofrénicos. Así lo afirma Szasz:
Cuando un hombre dice que es Jesús o Napoleón, o que los marcianos le persiguen, o afirma alguna otra cosa que escandaliza el sentido común, se le pone la etiqueta de psicótico y se le encierra en el manicomio. La libertad de palabra es sólo para las personas normales. Un hombre que dice ser Jesús no se está quejando, se está jactando. Consideramos que su afirmación es un síntoma de enfermedad; él lo considera una señal de grandeza. Si crees que eres Jesús, o que has descubierto una cura para el cáncer (y no es verdad), o que los comunistas te persiguen (y tampoco es verdad), entonces es probable que tus creencias se consideren síntomas de esquizofrenia. Pero si crees que los judíos son el Pueblo Escogido, o que Jesús era el Hijo de Dios, o que el comunismo es la única forma de gobierno científica y moralmente correcta, entonces es probable que tus creencias se tomen como reflejo de quién eres; judío, cristiano, comunista. Por esto creo que descubriremos la causa química de la esquizofrenia cuando descubramos la causa química del judaísmo, el cristianismo y el comunismo. Ni antes ni después.[12]
7.13
Según Szasz, los psiquiatras se concentran en la búsqueda de genes defectuosos, daños en la comunicación neuronal o falencias químicas en el cerebro como causas determinantes de la esquizofrenia, ya que ésta ha sido constituida como una enfermedad, pero “Si llamáramos enfermedad al cristianismo o al comunismo, ¿buscarían entonces los psiquiatras las «causas» químicas y genéticas de estas «dolencias»?”.[13] Al contrario de esto, el tratamiento psiquiátrico parece tomar el aspecto de venganza de una sociedad ofendida porque el anormal expone sus poco cotidianas creencias, perturbando a veces los espacios ajenos. En otras palabras:
¿Por qué los psiquiatras han prestado tanta atención a los llamados síntomas del esquizofrénico y tan poca a sus derechos? Quizá porque muchos esquizofrénicos se comportan como si los demás no tuvieran ningún derecho: violan su intimidad, por no decir su sentido de la realidad. Así pues, al esquizofrénico puede tratársele como: 1) un loco peligroso; 2) una persona que tiene experiencias sumamente dramáticas e insólitas; o 3) una persona que no respeta los derechos ajenos.[14]
Aunque ya sabemos que tal venganza no se aplica con los que profesan creencias religiosas, y que en ocasiones, traen consecuencias mucho más dañinas y ofensivas en especial para otros grupos de creyentes, para los no creyentes o para el que se cruce en el medio.
Para Szasz, lo que normalmente se denomina esquizofrenia es la exageradamente baja capacidad que tiene una persona para seguir reglas. Un niño puede aprender una cantidad de reglas mediante la autoridad de los padres y adultos que lo rodean, cómo hablar, cómo vestirse, cómo comportarse en sociedad. Un comportamiento en el niño que puede desencadenar esquizofrenia podría deberse a la poca atención de los adultos o al poco reconocimiento de la autoridad, como sucede comúnmente en la adolescencia. En esta etapa, especialmente si se carece de una autoridad que establezca reglas, el joven actúa como si nada se le pudiera prohibir. Si algo le está prohibido de alguna manera es porque eso no vale la pena; sin no sabe hacer algo bien, finge tener conocimientos que no posee. En ese sentido, esquizofrenia podría ser entendida como un tipo de arrogancia.
De esta manera, cuando una persona se presenta como la reencarnación de Jesucristo, saliéndose de los esquemas de comportamiento y creencia establecidos socialmente, un psiquiatra tradicional dirá que sufre alucinaciones; mientras Szasz afirmará que está mintiendo, pues no podemos saber estrictamente cuál es la diferencia, cuál es la creencia normal y cuál la anormal:
Una ilusión es algo que te ocurre, algo que «tienes». Una mentira es algo que tú haces que ocurra, algo que tú haces. ¿Cuál de los dos puntos de vista es correcto? Algo que le ocurre a una persona –un accidente o un error– es neutral en lo que a motivaciones se refiere; por lo tanto, puede que beneficie a la persona. Pero las personas que tienen ilusiones nunca afirman ser Fulano (sus amigos y vecinos): siempre insisten en que son Jesús o Napoleón.[15]
7.14 
Hay muchas personas que dicen haber presenciado apariciones de vírgenes y santos, en ellas, afirman los elegidos, hay una verdadera interacción, un éxtasis religioso, como en el caso de Santa Teresa de Jesús, de San Francisco de Asís o de los pastorcitos de Fátima. Y no puede faltar el ejemplo de Abraham, al que Dios ordena inmolar a su hijo como ofrenda de lealtad y que, aunque vacilando, se dispuso a hacerlo, pero librándose de matarlo porque Dios le habla diciendo que había pasado la prueba. En este sentido, la religión hace una diferencia entre las apariciones o visiones que puede presenciar un iluminado y las que puede tener un loco, la diferencia es simple, en la primera hay una comunicación con la divinidad y en la segunda, un trastorno mental. “ De ahí la asociación íntima, en el pensamiento psiquiátrico moderno y en el pensamiento moderno “intelectualmente sofisticado “en general, entre la llamada excesiva religiosidad y la locura—suponiendo que la locura a menudo se manifiesta a través de “una excesiva religiosidad”, y la “excesiva religiosidad” a menudo es contemplada como una causa de la locura”.[16]


Sobre la creencia de Abraham
De esta manera, entregamos la responsabilidad que tenemos sobre nuestras acciones a un dios. En Sartre, el hombre es angustia, ya que se compromete cuando elige y al mismo tiempo es un legislador que elige la humanidad entera, por lo cual también es responsable. Estar angustiado es, entonces, sentir la experiencia de la libertad, la indeterminación que todos quieren llenar con otras cosas sin éxito. La angustia sigue oculta y espera pero resurgirá tan pronto las distracciones se dispersen, los partidos de fútbol que transmiten los domingos por la tarde, el cine, caminar de arriba para abajo las calles, reunirse con los amigos, la música todo el día, los mensajes del móvil e incluso música mientras duermes. Pero hay un vacío fundamental, una profunda incertidumbre ante la cual la mayoría no puede sobrevivir sin llenarla, y es precisamente el espacio que le hemos reservado a la indeterminación de Dios.
Kierkegaard
KIERKEGAARD
A este sentimiento Kierkegaard lo llamaba angustia de Abraham (angustia precisamente de saber si ese sentimiento o esa voz interior es Dios que le habla), y aunque éste abordaba un existencialismo cristiano, la angustia no tendrá una connotación completamente diferente a la que Sartre le da, es decir, la experiencia de lo indeterminado. En aquel, Abraham será el héroe de la fe en tanto que da un salto para proyectarse hacia la divinidad y así configurar su proyecto de vida como un proyecto perfectible que se encuentra, al mismo tiempo, entre este mundo y un más allá que le da sentido. En Kierkegaard, la fe es sobre todo de orden existencial, no es un pensamiento sino una relación concreta entre el existente y Dios. De esta manera, la fe no es posible sino por el sacrificio total de la razón en función de la relación absoluta con Dios.
Para Sartre es todo lo contrario, aunque la experiencia de lo indeterminado siga siendo la misma, no hay manera alguna en que podamos entregar la responsabilidad de nuestros actos a un dios, sino por un enmascaramiento de nuestra propia libertad. Aunque parezca en realidad el atributo de un santo, una creencia ciega, asumida voluntariamente, no puede distinguirse mucho de la creencia que posee un enajenado mental de forma involuntaria, y es por eso que debemos abandonarla. Sólo yo puedo decidir si esa voz es la de Dios, pero si a mí me parece que lo es, no puedo obligar a los demás a que lo crean. En palabras de Sartre:
Conocen ustedes la historia: un ángel ha ordenado a Abraham sacrificar a su hijo; todo anda bien si es verdaderamente un ángel el que ha venido y le ha dicho: tú eres Abraham, sacrificarás a tu hijo. Pero cada cual puede preguntarse; ante todo, ¿es en verdad un ángel, y yo soy en verdad Abraham? ¿Quién me lo prueba? Había una loca que tenía alucinaciones: le hablaban por teléfono y le daban órdenes. El médico le preguntó: Pero ¿quién es el que habla? Ella contestó: Dice que es Dios. ¿Y qué es lo que le probaba, en efecto, que fuera Dios? Si un ángel viene a mí, ¿qué me prueba que es un ángel? Y si oigo voces, ¿qué me prueba que vienen del cielo y no del infierno, o del subconsciente, o de un estado patológico? ¿Quién prueba que se dirigen a mí? ¿Quién me prueba que soy yo el realmente señalado para imponer mi concepción del hombre y mi elección a la humanidad? No encontraré jamás ninguna prueba, ningún signo para convencerme de ello. Si una voz se dirige a mí, siempre seré yo quien decida que esta voz es la voz del ángel; si considero que tal o cual acto es bueno, soy yo el que elegiré decir que este acto es bueno y no malo. Nadie me designa para ser Abraham, y sin embargo estoy obligado a cada instante a hacer actos ejemplares. Todo ocurre como si, para todo hombre, toda la humanidad tuviera los ojos fijos en lo que hace y se ajustara a lo que hace. Y cada hombre debe decirse: ¿soy yo quien tiene derecho de obrar de tal manera que la humanidad se ajuste a mis actos? Y si no se dice esto es porque se enmascara su angustia.[17]
De esta manera, la angustia de tomar una decisión es precisamente el abordaje previo de una acción anticipada, se trata de elegir una opción entre una diversidad de posibilidades, la cual tiene valor por el mismo hecho de haber sido elegida, y asumir la responsabilidad de las consecuencias de dicha elección. Sin embargo, todo esto no puede ser posible si entregamos nuestra responsabilidad y nuestra libertad a un agente externo como lo es un dios. Así, la angustia se explica en la medida que somos conscientes de que estamos en el desamparo, sin un Dios que dicte normas. Pero no se trata simplemente de afirmar a la ligera que Dios no existe, pues la mayoría piensa que, aunque éste fuera solamente una idea, es una idea que hace posible que haya una moral, un tipo de vigilancia que hace que actuemos correctamente, que existan unos valores a priori.
7.16
Para el existencialismo, los valores seguirán existiendo, “nada se cambiará aunque Dios no exista; encontraremos las mismas normas de honradez, de progreso, de humanismo, y habremos hecho de Dios una hipótesis superada que morirá tranquilamente y por sí misma”.[18] Esto suena coherente aunque para las personas creyentes es incómodo pensar que pueden ser dueños de su propia responsabilidad y que ya no pueden delegarla a un agente externo o refugiarse en normas impuestas para justificar sus acciones, para afirmar que no son libres. Como lo dice Sartre:
El existencialista, por el contrario, piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible; ya no se puede tener el bien a priori, porque no hay más conciencia infinita y perfecta para pensarlo; no está escrito en ninguna parte que el bien exista, que haya que ser honrado, que no haya que mentir; puesto que precisamente estamos en un plano donde solamente hay hombres.[19]
Sartre dirá que la existencia precede a la esencia y eso precisamente significa que no estamos determinados, que no somos algo definitivo y terminado, sino que nos hacemos en la medida en que existimos, en que elegimos, en que creamos nuestros propios valores, en que hacemos evidente la característica más fundamental de cada uno como proyecto de vida, la libertad. En ese sentido, no encontrar un dios que nos determine, que tenga una misión para nosotros o que trate de regular nuestra conducta por medio de mandamientos, hace evidente que estamos solos a la hora de decidir y sin excusas a la mano para ocultar nuestra propia libertad. En palabras de Sartre:
Dostoievsky escribe: “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”. Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si, en efecto, la existencia precede a la esencia, no se podrá jamás explicar la referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.[20]
 Dostoievski
 DOSTOIEVSKI

Conclusión
A partir de todo lo anterior podemos pensar que es posible que exista una relación entre la religión y la enfermedad mental o que tal vez no sean sino dos manifestaciones de una misma enfermedad por la cual podemos captar una realidad ficcionada de forma consciente o inconsciente. Una enfermedad de la creencia hace posible que no podamos diferenciar entre la alucinación o la realidad, tanto en el creyente como en el esquizofrénico. También puede manifestarse en ese sentimiento que tenemos de incompletitud, esa necesidad de llenar un vacío en nosotros, el cual tratamos de colmar con conversaciones al interior de nuestra mente, a través de soliloquios o de oraciones. Sartre parece haber identificado en qué consiste la necesidad de tener una creencia religiosa, consiste precisamente en la necesidad que tiene el hombre de no sentirse libre, de no sentir la obligación de tener que elegir sin alguien que lo respalde, sin alguien que le diga lo que es bueno y lo que es malo.

Bibliografía
  1. Dawkins, Richard. El espejismo de Dios. 3ª edición. Espasa. Madrid. 2007.
  2. Sartre, Jean Paul. El existencialismo es un humanismo. Barcelona. Orbis, 1984.
  3. Szasz, ThomasEl segundo pecado. Alcor. Barcelona. 1992.
  4. Szasz, ThomasEsquizofrenia: El símbolo sagrado de la psiquiatría. México. 1990.

Notas
[1] Dawkins, Richard. El espejismo de Dios. 3ª edición. Espasa. Madrid. 2007, p. 104.
[2] Ibíd. p. 105.
[3] Harris, Sam. Citado en Dawkins, Richard. El espejismo de Dios. 3ª edición. Espasa. Madrid. 2007, p. 105.
[4] Dawkins, Richard. El espejismo de Dios. 3ª edición. Espasa. Madrid. 2007, p. 105.
[5] Ibíd. pp. 105-106.
[6] Ibíd. pp. 105-107.
[7] Ibíd. pp. 107-108.
[8] Ibíd. pp. 108-109.
[9] Ibíd. pp. 399-400.
[10] Ibíd. p. 403.
[11] Szasz, ThomasEl segundo pecado. Alcor. Barcelona. 1992, p. 72.
[12] Ibíd. p. 72.
[13] Ibíd. p. 72.
[14] Ibíd. p. 73.
[15] Ibíd. p. 74.
[16] Szasz, ThomasEsquizofrenia: El símbolo sagrado de la psiquiatría. Premia. México. 1990, p. 130.
[17] Sartre, Jean Paul. El existencialismo es un humanismo. Barcelona. Orbis, 1984, pp. 64-65.
[18] Ibíd. p. 67.
[19] Ibíd. pp. 67-68.
[20] Ibíd. pp. 68-69.